Ciudad de México, perdida en 2022
Sin desearlo, en una decisión de esas de milésimas de segundos que te exige el GPS y el tráfico terrible de esta ciudad, tomé un giro equivocado y subí al periférico, sin saber donde bajarme, dando vueltas bomper con bomper, temerosa de tomar otra bajada errónea, durante más de una hora, y de remate, necesitando un baño. Finalmente me atreví a pedir ayuda, grito a grito de moto a patrulla, y la policía me ayudó a bajar en zona segura, una vez allí abajo, Don Miguel, dueño de un taller de motos, me ayudó a llegar a la salida que debía tomar, tan amablemente, que hasta me envió con uno de sus mecánicos a que me llevara al punto mismo de salida. Gracias don Miguel, otro apoyo en el camino, justo cuando ya no sabía qué hacer.