Coatzacoalcos, 2022

Una rápida parada en el camino, una sola noche y tras una tarde lluviosa,  pero imposibles de olvidar.  Raso y Mayra fueron mis anfitriones, y su grupo de motorizados, entre todos me pagaron una habitación de mi hospedaje, algo inesperado para mí, ¨para que aprendan a ser solidarios para cuando viajen los compañeros¨ me dijo Raso, el jefe del mini club que allí tienen.  Nos dimos una gran comilona de mariscos, recorrimos de carrera las calles por la tormenta que se avecinaba, y conocí su malecón y cabezas gigantes de los Olmecas, si bien réplicas, a escala, muy interesantes.  Gente linda, cariñosa y agradecidos con la vida. Un bonito ejemplo, particularmente por su juventud.